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Los fósiles de Ardipithecus ocupan un vacío que la teoría evolutiva considera existente entre los australopitecinos y el último ancestro común (LCA en inglés) de humanos y chimpancés. Esta misma teoría considera que la separación debió producirse hace entre cuatro y seis millones de años y Ardipithecus ramidus es situado a 4,4 millones de años de distancia respecto del tiempo presente. Por tanto, en el mejor de los casos, sería uno de los primeros representantes de la genealogía exclusivamente humana, si no anterior a ellos, o quizá un simio.
Se han descrito dos especies en el género Ardipithecus, y de Ar. ramidus se han encontrado un número aceptable de restos. Esta especie fue descrita entre 1992 y 1993, encontrándose posteriormente, en 2005, restos de al menos nueve individuos. Pero no ha sido hasta el año 2009 cuando se ha publicado un informe extenso analizando la especie, a través de un puñado de artículos en la revista Science. El informe recalca el carácter humano de los restos, afianzando el fósil en la línea evolutiva humana. Sin embargo, no todos los paleoantropólogos están de acuerdo en respaldar las conclusiones publicadas. Recientemente, la misma revista Science se hacía eco de ciertas dudas sobre las que parecían sólidas y prácticamente definitivas conclusiones. E. Sarmiento llama la atención en cuanto a las características anatómicas consideradas propias de la línea evolutiva exclusivamente humana, posterior a la separación del ancestro común de humanos y chimpancés. Por una parte, Sarmiento considera que el complejo canino-premolar, es tan 'humano' como el de otros primates fósiles, tales como Oreopithecus o el otrora considerado precursor humano Sivapithecus. Este último es considerado ahora como un orangután fósil. Por otra parte, Sarmiento opina que las características anatómicas postcraneales (tronco y extremidades), que Tim White y colaboradores han utilizado en su análisis de Ardipithecus, quizá no sean demostrativas de una condición próxima a la humana. Este paleoantropólogo también critica que las características que White y su equipo consideran como las que debió poseer LCA no tengan un fundamento más objetivo, al fin y al cabo no son más que suposiciones en torno al supuesto ancestro. Pero Sarmiento no es el único que plantea dudas consistentes, y otros paleoantropólogos simplemente creen conveniente mantenerse cautos. Bernard Wood, de la Universidad George Washington, considera que Ardipithecus puede ser un ancestro humano directo, sin embargo cree que también podría pertenecer a un grupo de simios que comparte caracteres parecidos con el ser humano pero que no sirven para definir la línea evolutiva estrictamente humana. El caso es que Sarmiento acaba retomando una cuestión ya planteada por el también paleoantropólogo Veerhagen: puesto que el chimpancé, el bonobo y el gorila son pobladores antiguos y abundantes de África ¿cómo es que tienen como ancestros apenas un puñado de restos? Y la pregunta se refiere a un puñado literal. Frente a estos simios, la rama que el evolucionismo asigna al hombre y a sus ancestros aparece sobrecargada. Quizá se hayan sobrestimado muchas características de estos fósiles, al ser convertidas en humanas cuando probablemente sean propias de otros primates.
Bibliografía
Sarmiento, E. 2010. Comment on the Paleobiology and Classification of Ardipithecus ramidus. Science 328: 1105.
Veerhagen, M. J. B. 1994. Australopithecines: Ancestors of the African Apes? Human Evolution 9: 121-139.
White, T. D. y otros. 2009. Ardipithecus ramidus and the Paleobiology of Early Hominids. Science 326: 75-86. Este es el artículo introducción y resumen de un conjunto de 11 artículos publicados en este número de la revista del 2 de octubre de 2009.
Wood, B. 2010. Reconstructing human evolution: Achievements, challenges, and opportunities. Proceedings of the National Academy of Sciences USA 107: 8902-8909.
Celedonio García-Pozuelo Ramos 2010 |